Mi amiga Sandra

Esta muchacha de piel canela, lentes discretos,  sonrisa amplia y una pose “majísima” es mi amiga Sandra. Hoy es su cumpleaños, y no a todo el mundo le dedico tiempo el día de su cumpleaños.

“¿Qué me importa?”, dirás, y puede que tengas razón. Pero conozco a gente que sí le importa mucho, y mejor a mí me importa.

Sandra, para mi suerte, comprende al 100% mi sentido del humor. Por tanto, hablar con ella garantiza al menos una sonrisa —y si está de buenas una carcajada— a cualquier bobería fugaz que pase tan rápido por mi mente que escape de mis labios. Y son muchos los disparates que digo a diario y, una vez más, gracias a Sandra, para el resto del universo parezco alguien normal.

Nos conocemos hace solo tres añitos, pues compartimos incluso equipos en los trabajos de la Universidad. Ella gusta de Adele y ve The Voice; asiste al ballet y admira secretamente a un profesor que no es de mi agrado; leyó Harry Potter y se enamoró de Dexter el asesino; es ferviente seguidora de Lord Voldemort en su imaginación y dice a todos que le gusta el jazz para después subirse a un escenario en el oriente de Cuba y bailar chuku-chuku…

Al igual que yo pone nombre a su computadora y, por si fuera poco, adopta mis alocadas teorías sobre el transporte urbano.

Compartimos chistes, vivencias, nos contamos nuestras vidas amorosas y a cada rato ella deja escapar algún chiste sobre cierta flor ;), una larga historia.

Hoy es su cumple. Solo 21 añitos de una persona maravillosa que siempre volverá a mi recuerdo cuando piense en la Universidad y Los mãjos (otra larga historia), que ha copiado un maravilloso video (más larga aún ésta historia) y se ha leído mi libro.

Aunque al principio parece un tanto malvada (algunos dicen que en su tiempo libre roba dulces a los niños) Sandrita tiene un buen corazón, enorme. ¡Te queremos!

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