Rescatando la historia familiar

Una amiga que conocí por Facebook tuvo una idea genial: la de convertir en libros y perpetuar las vidas de la gente común.

Entusiasmado, me uní a ella y le seguí los pasos bien de cerca hasta que un día, por casualidad, nos pusimos a conversar —vía chat— acerca de mi abuelita. Le conté la histoia de una manera tan soñadora que, casi al instante, quedó fascinada y me dijo

-Chico, esa historia debe ser de la editorial

Y a la semana siguiente nos pusimos a trabajar.

 

Nuestras memorias

Cuando abandonamos este mundo, lo que nos hace realmente inmortales son aquellas acciones que, en forma de recuerdos, quedan en la gente: el día que le ayudaste a salvar a su animalito, la vez que lo sacaste de un problema, el chiste que le contaste y le hizo reír, o la lección sobre el día a día que luego le sirvió para su futuro. Las acciones malas también trascienden, pero una vez que llegamos al estadío de solo espíritu —después de morir— la gente tiende a sacralizarnos —o por el contrario, a satanizarnos—.

La oportunidad del proyecto de mi amiga, es la de hacerte inmortal, ser una especie de Voldemort humano que divide su alma básicamente en doce…¿Cómo? Pues Memorias Ediciones —el proyecto— se encarga de hacer una biografía o memoria acerca de la vida de determinada persona, sin importar quién sea. Luego la hace literaria y la plasma en volúmenes impresos de una calidad extraordinaria.

El caso de mi abuela ha trascendido como Historia de una rebeldía. En esta oportunidad, Memorias Ediciones confió en mí excepcionalmente para ser el biógrafo de mi abuelita, y luego público el libro con un acabado magistral. Su historia, que transcurre desde los años ’30 hasta 1961 —por decisión familiar—, se presenta no solo en materiales de excelente calidad, sino que ilustra a una persona de carne y hueso, con sus virtudes y defectos, y nos acerca a sus más íntimos sentires tanto emocional cómo físicamente, con fotos de la época incluso.

El resultado provocó lágrimas de alegría en la familia, que ahora cuenta con una Carmen inmortal, y mediante doce libros repartidos entre hijos, nietos y amigos la recordarán para siempre.

Gracias a Memorias Ediciones por la oportunidad.

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Éste soy yo…

Algunos me conocen en mi barrio como Guesi por un no se qué que mi madre no recuerda.

En la casa de mis abuelos paternos, todos se emocionan al llamarme Alejandro, mi segundo nombre, el nombre de mi padre. Lo siento por ellos, pero ser llamado de esa manera solo me provoca náuseas.No porque sea el nombre de mi padre, al contrario, si todos los Alejandros fueran como él éste mundo tuviera menos miseria; pero es que precisamente jamás he conocido un solo Alejandro que agrade: siempre son niños ricos y bonachones que se creeen graciosos, y que me perdone el que no lo sea, y me disculpe por no conocerlo.

Mi novia me ha acortado tanto el nombre que, de Ernesto, he pasado a ser solo “Ni”. Y ése soy yo.

 Soy un muchacho que ama Harry Potter, escucha Nightwish, Paramore y Adele; el que sueña con ser un gran escritor mientras estudia periodismo; el que jamás ha soportado las normas que impone la escuela, pero aún así lleva asistiendo  a ella por más de 15 años ininterrumpidos.

Yo soy quien sueña con ver el mundo, visitar Finlandia y ponerme gruesos abrigos, ir a las Bahamas y tropezarme con Shakira, pasear por Londres y recoger los libros que se le caigan a Emma Watson en un descuido. 

Así soy yo: enamorado de la vida y siempre creando alguna historia para alimentar mi sed de escritura; el administrador de cuatro blogs, dos páginas personales, el que escribe bajo el seudónimo de Tomas Marvolo y hace amistades en Twitter.

Este soy yo: un aspirante a escritor, incomprendido, que tiene miedo de publicar sus historias, aunque todos me digan que son buenas; el muchacho inseguro que se niega a crecer y teme a los 30 años…

Soy Ernesto: un muchacho común que en su tiempo libre los aburre con estas líneas.